Ángeles caídos del incierto cielo
condenados, a vagar solos y hambrientos
Pesados grilletes, cadenas de acero;
esclavos por siempre del rito sangriento
La sangre por sus venas
como un torrente de vida eterna
licor escarlata de llanto y pena,
latir incesante, sed de carne fresca
Recuerdos de vidas gozosas y plenas
ancianos mujeres hombres y niños;
Suculento manjar de victimas indefensas.
Y el amargo sabor de la muerte en los colmillos.
Caminantes de jardín de rosas negras,
que la tierra, los dolores descubre
hasta que con la noche llega la huida
llenos de resentimientos, odio y culpa
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